Octubre 17, 2017

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Los grandes acuerdos del comercio mundial están en la cuerda floja

Corrientes antiglobalización a ambos lados del Atlántico han puesto en riesgo la aprobación del TPP y del acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y Europa.

Pasó casi desapercibido fuera de Europa, pero la suerte de los dos acuerdos comerciales más grandes que se hayan negociado hasta ahora a nivel mundial, tuvo el lunes pasado una de sus jornadas más importantes. En Wolfsburg, una comunidad de 124.000 habitantes, al oeste de Alemania, 325 miembros del Partido Socialista (SPD) votaron, a puerta cerrada, a favor de que su presidente y actual vicecanciller, Sigmar Gabriel, lleve a votación del Bundestag (el parlamento alemán) el acuerdo de libre comercio con Canadá, CETA. La votación se sucedió dos días después de que ONG anti capitalistas y ambientalistas lograron movilizar más de 350.000 personas en protestas en toda Alemania. El pedido de las marchas era uno solo: “Stop CETA, Stop TTIP”. Las segundas siglas corresponden al Transatlantic Trade and Investment Partnership o Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, TLC que EEUUy la Unión Europea negocian desde 2013.

El cálculo que hacían políticos, analistas y las propias ONG era simple. Si los socialistas bloqueaban la votación del CETA en el Congreso, no habría espacio tampoco para continuar las negociaciones del TTIP de parte de Alemania. La votación también era clave para la región del Pacífico. Si el TTIP fracasa, habrá menos posibilidad de que la Casa Blanca sea capaz de convencer al Congreso en aprobar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que reúne a doce países, incluyendo Chile.

Para enojo de sus bases, los socialistas se alinearon tras Gabriel y votaron a favor. El CETA llegará al Bundestag, pero nada garantiza su aprobación. Un “no” de Alemania sepultaría el acuerdo para toda la UE. El TLC con Estados Unidos correría la misma suerte; y con él posiblemente el TPP.

Globalización en duda

Encuestas de la Comisión Europea han revelado un creciente rechazo al acuerdo con Estados Unidos. En octubre pasado, 3,26 millones de europeos firmaron una petición para frenar el TTIP. Se trata de la mayor acción civil en la historia del bloque. Sin embargo, a nivel de la UE, el 51% todavía apoya el acuerdo versus 34% de rechazo. No en Alemania, donde el 59% de la población lo rechaza.

Llama la atención que sea Alemania, motor exportador de la UE, el tercer país exportador más grande a nivel mundial, el que acoja también al corazón del movimiento anti libre comercio más fuerte de las últimas décadas. El fenómeno va más allá de colores políticos. Tanto militantes de los socialistas, los verdes y los izquierdistas como los de derecha radical de Alternative für Deutschland están en contra del acuerdo. El movimiento se encarna en una treintena de ONG, que en apenas un año han logrado levantar financiamiento por siete millones de euros para su campaña, según cálculos de Politico Europe. Iana Dreyer, investigadora de CATO Institute, lo atribuye al envejecimiento de la población, que se vuelve cada vez más adversa al riesgo.

Al igual que la negociación del TPP en América, las críticas apuntan a la poca transparencia en los términos y acuerdos del TTIP. También se concentran en la intención de crear nuevas instancias judiciales para la resolución de los conflictos entre empresas y estados.

Quienes marcharon hace algunos días o los 3,3 millones de europeos que firmaron una petición para frenar el TTIP, no se convencen con los estudios de los think tanks económicos. Los análisis del Centre for Economic Policy Research (CEPR) y del alemán Ifo Institute coinciden en que el TLC generará un aumento del ingreso per cápita mayor en Estados Unidos (casi 14%), pero también en la UE (casi 5%), y que Alemania sería uno de los países más beneficiados.

“Sólo beneficia a las grandes multinacionales”, “los estadounidenses buscan inundar nuestro mercado con productos de mala calidad”, “detrás de todo están los grandes bancos de inversión, que quieren apoderarse de nuestras empresas”. Los argumentos del movimiento anti globalización se concentran en las sospechas contra Estados Unidos, pero también en una creciente desconfianza en las instituciones económicas y políticas.

Al igual que otros analistas, el británico Martin Jacques cita el rechazo al TTIP y al TPP como una expresión más de la pérdida de credibilidad del modelo capitalista.

Las dudas también son cada vez más fuertes en Estados Unidos, donde los principales candidatos presidenciales han expresado sus críticas al TPP y al TTIP. Una encuesta de Pew Research Center, en mayo pasado, reveló que el apoyo de los tratados de libre comercio como “algo positivo” para el país cayó entre los estadounidenses de 59% a 51% en los últimos dos años, mientras el rechazo subió de 30% a 39% en el mismo período.

El factor electoral

El escenario, tanto para el TTP como para el TTIP, también se complica por la proximidad de elecciones generales en varios países clave. En el caso europeo, el propio Sigmar Gabriel ha declarado que las negociaciones con EEUU están “prácticamente muertas”. Algo similar declaró el Presidente francés, Francois Hollande. Gabriel espera competir contra la canciller, Ángela Merkel, en las elecciones del próximo año. Hollande aún no ha definido si irá por la reelección, pero su posible rival, el ex Presidente Nicolás Sarkozy, ya ha pedido que el TTIP sea postergado hasta que se concreten los próximos cambios de gobierno en ambos países.

Los países que participan del TPP están paralizados, a la espera del voto del Congreso estadounidense. Los líderes de ambas Cámaras han advertido al Presidente Barack Obama que no existen las condiciones para votar el tratado y han propuesta seguir trabajando en los detalles, pero dejar la votación cuando haya un nuevo inquilino en la Casa Blanca. El panorama no es muy aliciente. Tanto el republicano Donald Trump como la demócrata Hillary Clinton han anunciado que suspenderán las negociaciones, tanto del TPP como del TTIP, al llegar a la Casa Blanca, por considerar que los acuerdos ponen peligro los trabajos y salarios de los estadounidenses.

TPP: una jugada política

¿Qué es?

– El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Partnership Agreement) es conformado por doce países, que en conjunto suman el 40% del PIB Mundial. El acuerdo no solo reduce o elimina aranceles, también armoniza normas en materias comerciales, ambientales, laborales y de derechos humanos. Sellado el pasado 4 de febrero se considera que es el mayor tratado de libre comercio que se haya firmado jamás, por comprender otras áreas además del intercambio de bienes.

¿Cuál es su objetivo?

– Creado inicialmente en 2005, por Chile, Brunei, Nueva Zelanda y Singapur, el TPP tomó realmente fuerza tras el ingreso de Estados Unidos. Para el presidente Barack Obama, el TPP es un arma política pues permitirá aumentar la influencia de Estados Unidos en la cuenca del Pacífico y hacer un contrapeso a China.

¿Qué argumentan sus defensores?

– Quienes defienden el TPP aseguran que se trata del mejor TLC elaborado hasta ahora, con numerosas normas de protección al derecho de los trabajadores y del medioambiente. El acuerdo contempla el derecho a la sindicalización, la negociación colectiva y prohíbe el trabajo infantil, por ejemplo. También se destaca el que el TPP ayudará a elevar los estándares para las empresas de todos los países miembros, mejorando la calidad de vida de sus trabajadores.

¿Qué dicen sus críticos?

– Por el contrario, quienes critican el Acuerdo, por ejemplo, el intelectual Noam Chomsky, aseguran que se deteriorará la vida de los trabajadores, pues se busca maximizar la ganancia de las empresas. Otras críticas apuntan a la reserva con que se negociaron los 30 capítulos del Acuerdo. Los detractores del TPP creen que se busca beneficiar a las grandes corporaciones. Un ejemplo es que las empresas podrán demandar a los países, pero no viceversa.

¿En qué fase está?

-El TPP debe ser ratificado por los doce países miembros, y sus parlamentos, hasta 2018. Ningún país ha ratificado el acuerdo hasta ahora.

TTIP: la respuesta europea

¿Qué es?

– El Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP, en inglés) nació en 2013 y busca crear el bloque comercial más grande del mundo, al unir a Estados Unidos con la Unión Europea, que representan en conjunto el 50% de la economía global. El TTIP no solo incluye crear una zona de libre comercio para bienes, sino también para servicios e inversiones.

¿Cuál es su objetivo? 

– El TTIP es la respuesta de la UE al TPP. En 2012, think tanks europeos alertaron del perjuicio que el TPP podría significar para las exportaciones europeas en los mercados de los países que participen del Tratado.

¿Qué argumentan sus defensores?

– Hay estudios económicos de lado y lado. Pero la Comisión Europea ha acogido las estimaciones realizadas por el Centro Europeo de Economía Política Internacional. El think tank ha estimado que el acuerdo elevaría el PIB anual de Estados Unidos en 0,4% y el de la UE en 0,5%.

¿Qué dicen sus críticos?

– Las principales críticas se concentran en el temor de que el TTIP permita a las empresas estadounidenses sortear las regulaciones europeas más estrictas, especialmente en alimentos y medicinas. Pero uno de los puntos que genera rechazo transversal en el espectro político es la creación de tribunales especiales de arbitraje. Instancias que buscan reducir los tiempos y costos en la resolución de conflictos entre empresas y empresas y estados; pero que los detractores del TTIP consideran que permitiría a las multinacionales operar fuera del sistema judicial regular de cada país.

¿En qué fase está?

– Se han realizado catorce rondas de negociaciones en torno al Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversión. Pero no hay visos de que se esté cerca de sellar un acuerdo. Una vez aprobado el texto final, el Acuerdo deberá ser ratificado por los parlamentos de cada país de la Unión Europea para poder entrar en vigencia, lo que tomará bastante tiempo.

 

Fuente: http://www.pulso.cl




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